La joven aseguró que el Porsche era suyo… hasta que apareció el verdadero dueño y todos comenzaron a burlarse del muchacho (Parte 1)
La Universidad Internacional del Valle era famosa por reunir a estudiantes provenientes de familias muy influyentes.
Era común ver automóviles deportivos estacionados frente al edificio principal.
Ferrari.
Lamborghini.
McLaren.
Y varios Porsche de edición limitada.
Cada mañana los estudiantes llegaban presumiendo sus vehículos, comparando relojes costosos y hablando de las vacaciones que habían pasado en otros países.
Pero entre todos ellos también estudiaba un joven llamado Lucas.
Tenía veintiún años.
Vestía ropa sencilla.
Siempre llegaba caminando o utilizando transporte público.
Era amable con todos y destacaba por sus excelentes calificaciones.
Aunque provenía de una familia con mucho dinero, muy pocos lo sabían.
Su padre le había enseñado desde pequeño que nunca debía presumir de lo que tenía.
—El respeto se gana por quién eres, no por lo que posees —le repetía constantemente.
Por esa razón Lucas llevaba una vida completamente normal dentro de la universidad.
Aquella mañana, al terminar una clase, caminaba tranquilamente por el estacionamiento cuando observó un hermoso Porsche color gris oscuro recién estacionado.
Era un modelo exclusivo que llamó inmediatamente la atención de decenas de estudiantes.
Todos comenzaron a acercarse para admirarlo.
En ese momento apareció Camila.
Era una de las jóvenes más populares de la universidad.
Le gustaba llamar la atención y constantemente exageraba historias para impresionar a los demás.
Al ver el automóvil sonrió.
Sin pensarlo dos veces levantó las llaves de otro vehículo que llevaba en la mano y dijo con total seguridad:
—Por fin llegó mi Porsche.
Los estudiantes comenzaron a sorprenderse.
—¿En serio es tuyo?
—¡Qué hermoso está!
—Sabía que tu familia tenía dinero, pero no imaginé tanto.
Camila sonrió orgullosa.
—Lo pedí hace algunos meses.
Llegó antes de lo esperado.
Mientras hablaba, comenzó incluso a posar junto al automóvil para que varios amigos le tomaran fotografías.
Lucas observaba la escena desde algunos metros de distancia.
Sabía perfectamente que aquel Porsche no pertenecía a Camila.
Y no porque conociera a la joven.
Sino porque el automóvil era suyo.
Su padre se lo había regalado unos días antes por haber terminado la universidad con el mejor promedio de su generación.
Sin embargo, todavía no lo había utilizado porque estaba esperando completar algunos trámites de registro.
Aquel día era la primera vez que iba a conducirlo.
Lucas decidió acercarse.
Con mucha educación habló.
—Disculpa…
Creo que hubo una confusión.
Camila lo miró.
—¿Qué quieres decir?
—Ese automóvil no es tuyo.
La sonrisa desapareció inmediatamente del rostro de la joven.
—¿Perdón?
—Creo que estás equivocada.
Varios estudiantes comenzaron a rodearlos.
Uno de ellos preguntó:
—¿Entonces de quién es?
Lucas respondió tranquilamente.
—Es mío.
Durante unos segundos hubo un absoluto silencio.
Después comenzaron las carcajadas.
—¿Tuyo?
—¡Claro!
—Seguro también tienes un avión privado.
Otro estudiante observó la ropa sencilla de Lucas.
—Con esos tenis viejos dices que manejas un Porsche.
Camila cruzó los brazos.
—Miren…
Ahora resulta que cualquiera puede inventar historias.
Lucas permaneció completamente tranquilo.
—No estoy inventando nada.
La joven sonrió con ironía.
—Perfecto.
Entonces ábrelo.
Si realmente es tuyo, demuestra que puedes entrar.
Los estudiantes comenzaron a sacar sus teléfonos para grabar la escena.
Todos estaban convencidos de que Lucas quedaría en ridículo.
—Vamos…
Muéstranos las llaves.
Uno de los muchachos agregó:
—Seguro ahora dirá que las olvidó.
Las risas aumentaban cada vez más.
Lucas metió lentamente la mano en el bolsillo de su chaqueta.
Sacó un pequeño estuche negro.
Varios estudiantes dejaron de reír.
Camila observó el objeto con cierta preocupación.
El joven abrió lentamente el estuche.
Dentro había una elegante llave electrónica con el emblema de Porsche.
Pero antes de presionar el botón, una voz se escuchó detrás de todos.
—¿Qué está pasando aquí?
Era el jefe de seguridad del campus.
Y junto a él caminaba un hombre elegante que acababa de llegar al estacionamiento.
Cuando vio a Lucas, sonrió inmediatamente.
—Joven Lucas…
Por fin trajeron su automóvil.
Los estudiantes comenzaron a mirarse unos a otros.
La expresión de Camila cambió por completo.
Por primera vez comenzó a sospechar que el muchacho podría estar diciendo la verdad.
Pero aún faltaba la prueba definitiva.
Lucas levantó lentamente la llave.
Y justo cuando iba a presionar el botón para abrir el Porsche, el estacionamiento entero quedó completamente en silencio.
(Continuará…)